Milagro en La Mancha

14 julio, 2023
La Virgencita del Agua

La Virgencita del Agua apareció durante el terremoto de México de 1985, aflorando entre los lodos de una laguna cercana a la capital. Salió poco a poco al compás de las sacudidas sísmicas, con las manos en posición de rezo y la cabeza ligeramente inclinada hacia el lado del corazón. El milagro fue proclamado por los cuatro puntos cardinales del país y se corrió la voz más allá de las fronteras. Los padres jesuitas de Rancho Verde llegaron prestos a custodiar la imagen y, de camino, a tomar propiedad de la misma.

            La fama de la Virgencita ha dado la vuelta al mundo. Allá donde se la lleva, comienza a llover de una manera generosa, naciendo la verde hierba de los campos y brotando las flores de los árboles. El padre Emiliano, un jesuita de buena planta y con gran dominio de las finanzas, viaja con la Milagrosa a cualquier rincón del planeta donde se requieran sus servicios. Dicen que acabó con la sequía de California de 2014, cuando se secaron los pozos y se convirtieron los ríos en cloacas de fango.

            En la comarca de los Campos de Montiel hace más de un año que no cae una gota del cielo. Los rebaños de cabras se arremolinan en la charca de mosquitos y las viñas languidecen en los arriates desolados. La flor de los melocotoneros está tan esmirriada que basta un leve soplo de aire para que se desprenda del árbol. El padre Matías, hosco y altanero, convence a los agricultores de traer a la Virgencita del Agua como última salvación. El Fulgencio se opone, contrario a curas y misas, pero acaba por contribuir a la cuota eclesiástica para obrar el milagro.

            La bella Violeta, que lleva cinco años siendo la reina de las fiestas, recibe a la Virgencita con una corona de flores. Las gentes se arremolinan en la puerta de la iglesia para ver salir la procesión. Nada más atravesar la tapia del cementerio, se levanta una ventolera que se lleva el peluquín del cura mexicano. A la media hora comienza a caer un granizo del tamaño de un puño y vuelan por encima de las cabezas las tronchadas ramas de los árboles. Poco después, el río se sale de cauce y arrambla con los campos, los establos y los corrales. Una arroyada de agua, rocas y troncos desmocha los viñedos del Fulgencio y golpea con furia los melocotoneros.

            A la mañana siguiente encuentran al padre Emiliano con la bella Violeta refugiados en el campanario. Sin un rasguño y demasiado sonrientes.

—Lo que viene a llamarse un “vivalavirgen” —sentencian las comadres sobre el cura mexicano.

El cuerpo del cura local aparece medio kilómetro aguas abajo con un golpe en la cabeza. Impacto fortuito por la riada, anota la forense. Muy temprano, mientras los vecinos achicaban el agua y limpiaban el barro de los bajos de las casas, vieron salir al Fulgencio con una maletilla camino a Madrid. 

La Virgencita del Agua, dada por desaparecida, duerme bajos los lodos del pantano de Peñarroya tras descender por las lagunas de Ruidera a trompicones. Un par de tórtolas vieron cómo daba el último brinco antes de hundirse de cabeza entre las aguas.

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4 Comments

  • Reply Pedro Conesa Dávila 16 julio, 2023 at 10:47 am

    La fe, a veces tan excesiva… Es para pensarlo un rato, sí.
    Bienhallada de nuevo, Rosa. Y muchas gracias, que la frescura de tus relatos ayuda a pasar estos días de bochorno. Un abrazo.

  • Reply María del Mar Vida Arredondo 16 julio, 2023 at 5:21 pm

    magnífico!!!!

  • Reply José Antonio Pascual Trillo 17 julio, 2023 at 11:42 am

    Pues por la imagen no parece que la Virgencita del Mar cumpliera las normas de IATA sobre seguridad a bordo, por lo que tal vez el descanso en el embalse de Peñarroya no era una hipótesis descartable en su vida de riesgos. Claro que tal vez la sequía acabe rescatándola para nuevos vuelos. Por su tranquilidad, no lo quiera Yavé.
    Sigue animándonos con estas divertidas crónicas ilustradas (en varios sentidos), pero hazlo rápido, que no se si los nuevos aires censores que corren por las Españas tienen el tamaño de poro adecuado para ellas.

    • Reply Rosa María Mateos Ruiz 1 enero, 2024 at 6:47 pm

      Razón tienes. Vienen de nuevo los Torquemadas y las tropas del facherío.
      Feliz año, Jose Antonio y volved pronto por Granada. Tenemos mucho que discutir.

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