Curiosidades de ciencia

El algoritmo de la envidia

10 marzo, 2017

Las grandes empresas han redescubierto que el trabajo en equipo genera más beneficios. Saber articular un equipo cohesionado no es una tarea fácil y los departamentos de recursos humanos saben muy bien que el éxito reside en la variedad. Así como para aliñar bien una ensalada hace falta: un prudente para la sal, un generoso para el aceite, un tacaño para el vinagre, y un loco para moverla, en un buen equipo de trabajo se necesita una diversidad de caracteres, que sumen y multipliquen los talentos. He indagado en algunas empresas que están «incubando» en Sillicon Valley y he aquí algunos de los ingredientes necesarios para montar un buen equipo:

  • La figura del líder es clave, pero sólo puede haber uno; dos prima donnas no pueden cantar en la misma ópera, se hunde la función en un santiamén.
  • El soñador es imprescindible: derrocha imaginación y regala ideas magníficas, solo que no tiene ni idea de cómo ejecutarlas.
  • Los metódicos (se requieren varios): dominan los procedimientos y las herramientas necesarias para ejecutar un buen trabajo. Uno de ellos (al menos) ha de ser un perfeccionista.
  • El prudente: aunque suele tener ciertos tintes de pesimista, sabe identificar las dificultades al vuelo y retiene al equipo cuando se lanza al vacío. Las personas reflexivas son tan necesarias como las bridas a los caballos.
  • El optimista: percibe el flotador, jamás el agujero. Reconoce la oportunidad en cada dificultad y siempre busca soluciones a los problemas.
  • El simpático y bonachón: No tiene destacadas aptitudes intelectuales, pero sí muchas habilidades sociales. Ejerce de pegamento entre los diferentes miembros del grupo y organiza las fiestas, que no es poco.
  • El «bienmandao«: Como dicen en mi tierra «vale pa to» y «no se queja de na».
  • El caradura: aunque parezca mentira, también es necesario. Nunca da un palo al agua y se atribuye los éxitos pero…., no hay nada más estimulante que un enemigo común.

Adicionalmente, el equipo debe tener un balance de géneros, culturas, edades y experiencias. Es curioso, pero siempre buscamos a personas parecidas a nosotros, que piensen y actúen de forma similar. Nada de eso: las mezclas, cuanto más raras, mejor. Visualicen la diferencia entre una ensalada tropical y una lechuga a palo seco.

Aunque todos tendemos a hacerlo de manera inconsciente, catalogar correctamente a una persona es una misión muy complicada y arriesgada. Un equipo heterogéneo de investigadores españoles ha diseñado un algoritmo matemático que clasifica a las personas en base a los resultados de una serie de experimentos de participación ciudadana. La investigación se fundamenta en la denominada «Teoría de juegos«, una rama de las matemáticas que analiza nuestro comportamiento a la hora de tomar decisiones frente a un dilema, y que cada vez aplican más las grandes compañías para la selección del personal. Para ello juntaron a más de quinientos voluntarios, les agruparon por parejas (que iban rotando) y les propusieron una serie de encrucijadas a resolver. El juego plantea una situación conflictiva donde los dos jugadores toman sus decisiones por separado, pero teniendo en cuenta la decisión que presuponen al otro. El resultado final depende de ambas respuestas. Los participantes pueden decidir cooperar, ir a su bola, hacer justo lo contrario, e incluso traicionar a la pareja. Algo así como simular una variedad de relaciones conyugales.

Los resultados obtenidos tiran por tierra esa vieja idea de que somos animales racionales y vienen a confirmar que actuamos de una manera disparatada, sin lógica alguna, dejándonos llevar por las emociones. El algoritmo establece que el 90% de la población se puede clasificar en cuatro grupos principales:

  • Los envidiosos (30%).
  • Los confiados y colaboradores (20%).
  • Los pesimistas (20%).
  • Los optimistas (20%).

El 10% restante son los que mueven la ensalada, inclasificables.

Pues sí, el grupo más numeroso es el de los envidiosos, aquéllos cuyas respuestas estaban dirigidas a impedir a toda costa el beneficio del otro, aún a pesar de salir ambos perjudicados. La envidia, ese pecado capital que nos hace sufrir tremendamente, no consiste únicamente en desear lo ajeno, sino en padecer una rabia incontrolable ante los éxitos y virtudes de los demás. Dicen los expertos que sus efectos son tan fuertes que pueden llegar incluso a causar dolor físico. La envidia es una emoción terriblemente negativa, que causa un daño irreparable en nuestras relaciones personales y, en grandes dosis, conlleva a una demoledora autodestrucción. El envidioso se convierte en una persona tóxica, venenosa, que contamina los espacios privados, laborales y sociales. Nadie quiere un envidioso en su vida.

Numerosos autores literarios y pensadores españoles, entre los que destaca claramente Unamuno, consideran la envidia como la lacra nacional, el tumor mezquino que acaba invadiendo todos los órganos sanos de nuestro país. Personalmente no creo que sea un patrimonio exclusivo nuestro, sino más bien una tara ligada a la condición humana; basta con repasar los grandes dramas de la literatura universal. Quizás sí somos un pueblo que exterioriza más la envidia: las críticas nos salen la mar de bien, mientras que manifestar un halago nos cuesta la vida. Ahora bien, lo realmente peligroso y dañino para la sociedad es disfrazar y camuflar la envidia en forma de justicia, democracia e igualdad. En esto somos punteros. Piensen por un momento cuántos sistemas del país están articulados para que todos seamos igual de ignorantes, incompetentes y serviles, con la única finalidad de esconder el mérito de los demás, de impedir que aflore el talento de la gente más valiosa. Hemos llegado a interiorizar de tal modo esta forma de actuar que ya ni la percibimos.

Nos guste o no, (y esto sí es una ley universal) siempre, siempre hay alguien cercano mucho mejor que uno: más guapo, más inteligente, preparado, ocurrente, divertido….. Como muestra vale la fotografía de esta entrada. En esa mirada de Sofía Loren al generoso escote de Jayne Mansfield cabe una vida. Lo que la italiana consigue con ese feo gesto es hacer aún más grandiosa la belleza de la americana. Dice el refranero que se conoce mucho más a una persona por lo que dice de los demás, que por lo que los demás dicen de ella. A veces los gestos son más elocuentes aún.

Mentiría si no reconociera que he sentido en numerosas ocasiones la punzada de la envidia pero, haciendo valer mi escasa parte racional, considero que la única manera de mejorar este país es valorar y aplaudir el mérito de los demás y alegrarse por la felicidad ajena.

Hoy, ahora mismo hay que empezar a hacerlo.

 

©Fotografía: Sofía Loren y Jayne Mansfield. Autor: Joe Shere

Bibliografía: Julia Poncela-Casasnovas, Mario Gutiérrez-Roig, Carlos Gracia-Lázaro, Julian Vicens, Jesús Gómez-Gardeñes, Josep Perelló, Yamir Moreno, Jordi Duch y Ángel Sánchez (2016). Humans display a reduced set of consistent behavioral phenotypes in dyadic games. Science Advances, 05 Aug 2016. Vol. 2, no. 8, e1600451. DOI: 10.1126/sciadv.1600451.

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23 Comments

  • Reply Joaquín del Val Melús 10 marzo, 2017 at 7:03 pm

    Certero, curioso y, además, divertido. Para pensar. Gracias, Rosa

    • Reply Rosa María Mateos Ruiz 10 marzo, 2017 at 8:27 pm

      Gracias Joaquín. Sí, el tema da para pensar, y me he dejado en el tintero los otros grupos. Un 20% de pesimistas también da juego.
      Gracias siempre

  • Reply Edwin Garita Segura 10 marzo, 2017 at 8:12 pm

    Siempre es un gusto leer su pluma. Lo mismo pasa en mi país, Costa Rica.
    No es más fácil poner el dedo en la llaga, que poner una venda para curarla. Es increíble ver cuando alguien hace algo bueno, se publica en Facebook y brotan las envidias y la cizaña, claro «el papel aguanta lo que le escriben», aunque sea papel digital.

    Me fascinó su último texto, alegrarse de la alegría ajena.

    Saludos.

  • Reply Rosa María Mateos Ruiz 10 marzo, 2017 at 8:31 pm

    Gracias Edwin. No es que me alegre que en Costa Rica pase lo mismo, pero alivia un poco la verdad. Sí, hay que airear más lo bueno y alegrarse de la alegría ajena, seguro que es contagiosa.
    Un placer tener tan magnífico seguidor desde ese maravilloso país. Un abrazo

  • Reply Esther Torralbo 10 marzo, 2017 at 8:39 pm

    Gran ENVIDIA siento al ver como te expresas Rosa, ese arte en’ juntar’ las palabras …

    Besitos

    • Reply Rosa María Mateos Ruiz 10 marzo, 2017 at 9:10 pm

      Vaya piropazo Esther. Me alegra mucho saber que tú sí que tienes el arte de halagar. Gracias preciosa por ese cariño que me haces llegar.

  • Reply Margarida 10 marzo, 2017 at 9:01 pm

    Me gusta mucho cómo escribes y los temas que tratas y el buen rato que paso leyéndote. Un fuerte abrazo

    • Reply Rosa María Mateos Ruiz 10 marzo, 2017 at 9:13 pm

      ¡Subidón Margarida tus palabras! Si consigo que pases un buen ratico y despertar en tí curiosidades por ciertos temas, me siento más que satisfecha. Un abrazo grande.

  • Reply ENRIQUE HERNANDEZ 11 marzo, 2017 at 10:55 pm

    Gran articulo rosa,

    Sin duda los envidiosos los llevo sufriendo desde hace muchos años, en todos los ámbitos de la vida, y lo cierto es que cuando me he ido fuera, a Kuwait, gente NO española me han contado que los españoles se les conoce fuera de España por sus tres pecados capitales, que son:

    1.- La Envidia, como no de esto va la tertulia; 2.- La Codicia, esto no me extraña para muchos siempre podemos hacer más que los demás de palabra (aunque luego no lo hacemos) y 3.- La falta de humildad…. no sabemos admitir que nos hemos equivocado ni a tiros, y es un mal muy grave que hace que las relaciones se enquisten sin solución.

    Un abrazo muy fuerte y recuerdos.

    • Reply Rosa María Mateos Ruiz 12 marzo, 2017 at 10:07 am

      Gracias Enrique. Sí, tenemos fama internacional de envidiosos. El escritor Argentino Borges dejó la siguiente frase: «el tema de la envidia es muy español». Lo de la falta de humildad también podemos atribuírnoslo. Hay 400 vendepeines por metro cuadrado. Pero esto último, también lo he visto en muchos otros países, es ya una epidemia. Un beso enorme donde quieras que te encuentres y sí, muchos jóvenes como tu andáis buscando trabajo fuera de las fronteras por este maldito sistema tan español, cuyo eje motriz es la envidia. Beso enorme

  • Reply David 12 marzo, 2017 at 11:15 am

    Felicitaciones por el artículo Rosa!
    Añadiendo una nota de humor quería comentar lo siguiente:
    He estado observando detenidamente esta fotografía que la veo interesantísima y quiero dar mi opinión personal aunque evidentemente no estén de acuerdo otras muchas personas. Esto es lo bueno y deseable…
    Según mi percepción, el ángulo del eje del globo ocular que pasa por las pupilas de Sofia Loren coincide exactamente con los “discretos” pendientes de Jayne Mansfield y según puedo leer en su gesto levemente despreciativo, Sofía está pensando: “Que mujer más hortera! Podría educarse un poquito si reparara en mis joyas y la elegancia con que sé llevarlas… pero nada, es tosca y burda, no tiene arreglo…”

    Feliz domingo. Besos.
    David

    • Reply Rosa María Mateos Ruiz 12 marzo, 2017 at 2:25 pm

      Muy bueno David. La verdad es que la Loren está impresionante en la foto, bellísima. Sí, quizás no tiene nada que ver con un gesto de envidia, sino más bien de rechazo hacia la poco elegancia de la americana. Pero si hay algo que me gusta de la foto, es la naturalidad de Mansfield y lo poco que le importa que le puedan criticar su magnífico escote. Dándolo todo por la vida, como tiene que ser.
      Una anécdota: Sofía Loren siempre repudió esta foto, no la quería ni ver, e hizo todo lo posible para que no se re-publicara.

  • Reply José Antonio Pascual Trillo 12 marzo, 2017 at 6:25 pm

    Te leo, como sabe Benito, aunque no añada comentarios, pero en esta ocasión y para no obviar tu reflexión última y apuntarme a eso de mejorar el país (¡que buena falta nos hace!) te envío este comentario: ¡da gusto leerte!

    • Reply Rosa María Mateos Ruiz 13 marzo, 2017 at 5:31 pm

      Menudo halago José Antonio. GRACIAS. Benito ya sabes que es un hombre de silencios, deja que una acabe descubriendo las sorpresas. Un placer saberte ahí, de verdad.

  • Reply Luis González de Vallejo 13 marzo, 2017 at 7:34 pm

    Original y a la vez de incisivo, un enfoque que nos hace pensar sobre algo que a diario experimentamos: el problema de la envidia. Lo malo es que no tiene remedio, pero al menos ya lo tenemos acotado. Gracias Rosa , como siempre tus palabras nos motivan.

    • Reply Rosa María Mateos Ruiz 13 marzo, 2017 at 7:55 pm

      Gracias Luis. Es cierto que no tiene remedio pero, como decía Oscar Wilde: «Se tu mismo, los demás puestos están ya ocupados». Tú eres de los que ha sabido ver y potenciar el valor y el mérito de los demás. Por eso me elegiste de doctoranda (je,je,je). Un gran abrazo.

  • Reply HOMO SAPIENS "CANIJUDIENSIS" 13 marzo, 2017 at 9:28 pm

    Estimada bloguera, me alegra comprobar las nutridas y rápidas respuestas que su última entrada han logrado despertar entre sus asiduos seguidores. Le alabo su pericia, maliciosa o no, a la hora de elegir la foto que ilustra su jugosa y didáctica entrada. Ella sola merecería por sí misma su particular historia. ¿No cree?
    Me permito discrepar de uno de sus replicantes en el sentido que la elegante Sofía Loren lo que está observando con “feo” gesto de “sana” envidia no son precisamente los rutilantes pendientes de su partenaire, sino la exuberancia de sus generosas “gracias”. Como usted bien comenta, siempre habrá alguien que destacará por encima de nosotros en alguna faceta. Cierto que Jayne Mansfield conseguirá que muchos desviemos la mirada, pero lo que siempre quedará en mis retinas y recuerdos será la belleza, elegancia y saber estar (perdonémosle este pequeño desliz humano) de Sofía Villani Scicolone.
    Retomando sus referencias sobre los diferentes caracteres que deben reunirse para formar un buen equipo de trabajo, quisiera añadir algo que bien podría ligarse con el concepto de envidia ajena (todo sea por la mayoría).
    Hoy en día las agencias de colocación hacen mucho hincapié en las aptitudes y actitudes, competencias lo llaman ahora, que deben reunirse para poder desenvolverse en el tecnológico y globalizado mundo laboral actual. Algunas serían:
    Capacidad y motivación para aprender.
    Adaptabilidad, flexibilidad y polivalencia.
    Proactividad.
    Creatividad.
    Habilidades de comunicación.
    A que han reconocido las que últimamente se prodigan, por su carencia, para perpetuarse en la presidencia de cualquier gobierno democrático que se precie como, por poner un ejemplo al azar, en España. Pero, ¿no reconocen éstas “cualidades” en aquél al que nuestro ínclito mandatario le deseaba fuerza ante la adversidad? ¿A qué también encajan, pero para el arte del trapicheo?… Lo dicho, lo nuestro es pura envidia por no valer tanto para un roto como para un descosido (versatilidad, lo llaman). ¡Así nos va!
    Sempre un plaer gaudir dels seus escrits. No m’ho prengui com un afalac, sinó com una confirmació de les qualitats ja consolidades d’una gran escriptora: entretenir i ensenyar.

  • Reply Javier Bonatti 14 marzo, 2017 at 2:03 am

    Yo sin ser envidioso naturalmente me quedaria viendo el escote de la rubia.
    Que generosidad de mujer !!!
    Dicen que es recomendado ver senos por lo menos una vez al día.
    Querida Rosa, ya te dije que soy freudiano !!!
    Soy soñador, metódico y perfeccionista. Esto por si alguna vez
    me quieres integrar en tu equipo.

    • Reply Rosa María Mateos Ruiz 14 marzo, 2017 at 7:50 am

      Querido Javier, ¡¡¡¡no sabes tu nada!!!. Más listo y no naces.
      Te integraré en el equipo, claro que sí. Gracias amigo.

  • Reply ANTONIO RAFAEL PARRILLA MUÑOZ 14 marzo, 2017 at 8:02 pm

    Cada una de tus entregas, superas la anterior, veo con agrado que » le pegas a to», empleando el símil venatorio.- le das a pelo y a lana».

    Comienzo por el final de tu escrito que curiosamente esta contenido en la foto, ya que esa «mirada cruzada» de la Loren al muy generoso y placentero escote de Jayne Mansfiel, como bien dices»cabe una vida»y efectivamente la envidia es muy fea, y nos sorprende mas en una colega y también «despampanante» mujer.

    Me ha gustado la presentacion que nos haces de los diferentes personajes en lo que coincido contigo » todos son necesarios», no soy sociólogo pero la vida y mi trabajo como bancario, me ha enseñado a considerar necesarios e importantes a cada uno de los diferentes componentes de un equipo; una persona por muy buena que sea en su trabajo puede hacer el correspondiente de dos pero nunca de un equipo), incluso el envidioso es importante y además quien este libre de pecado ….

    Bueno, termino por donde comencé y te felicito por «pegarle a to»» , pero con acierto y conocimiento y no como algunas personas ( incluso profesionales de la comunicación ) que hace unos días en el programa de la mañana ( los desayunos) se permitió decir «el logaritmo matemático» cuando debería haber dicho «El algoritmo»… y se quedó tan pancha cuando otro tertuliano la corrigió.

    Lo dicho, mi felicitación y un abrazo.

    • Reply Rosa María Mateos Ruiz 17 marzo, 2017 at 9:57 am

      Gracias Antonio, siempre tan generoso. Me ha encantado eso de «le das a pelo y a lana». Me interesan mucho los temas sociales y del comportamiento humano, y procuro documentarme muy bien en todas las entradas. Por cada párrafo escrito hay cien leídos. Es una enorme alegría saberte ahí. Un gran abrazo para ti.

  • Reply Paisajes del Agua 1 abril, 2017 at 7:17 pm

    Perdóname Rosa, aunque tu pluma ha sido excelente, la foto la considero suprema (creo que no debo explicar por qué). Leyendo los comentarios, compruebo que a otros les ha pasado lo mismo, aunque los muy pillos no lo hayan confesado tan abiertamente. Muy interesante me ha parecido la puntualización de los pendientes. Fíjate que cosa más rara. cómo estaría yo para no fijarme en la dirección de las órbitas de Sofía Loren. Mis felicitaciones

  • Reply Rosa María Mateos Ruiz 2 abril, 2017 at 11:12 am

    Menuda panda de pillos estáis hechos. Tú has ido directamente al escote de la americana, sin más florituras. Bien hecho, eso denota que eres un hombre directo y al grano. Gracias siempre.

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